
No sé si es el invierno, que enfría mi neurona o la edad, que la enlentece, pero las mañananas alternativas, esas que tienen horarios, corridas, turnos o lo que fuera, me llevan a sentir que estoy en una nave espacial cuando hace un salto estelar (no tengo idea de qué pelis es eso…).
Porque de pronto la escritura, el ritual, el mate, la vela, el sahumo, el dibujo o lo que sea, desaparecen y me encuentro manejando en el auto rumbo a.
Y si, no le pasa a todos. La velocidad se vuelve más vertiginosa a medida que uno se para más firme en el piso. Y no digo que sea bueno ni malo, ya que no tengo idea si puede ser uno o el otro. Pero me lleva a que hoy, lo que se pone intenso, me molesta. Como que de a poquito voy desarrollando un rechazo a la intensidad, a la velocidad, a la urgencia no urgente, es más, noto que rechazo lo que no tengo ganas que sea parte de mi vida y que, en otros momento me lo bancaba porque “era así” o “tenía que ser así”.
Y es tan intensa la sensación, que me dio bajarla acá a ver si a alguien más le pasa. Eso es algo que se intensificó en estos últimos tres o cuatro meses como mucho y que se siente más cuando uno empieza a derribar creencias limitantes o heredadas.
Los abrazo!

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