
Pienso en todos los lugares de la Patagonia que conocí durante estos últimos veinte años. Agradezco a todos los que hicieron posible esto, porque solo jamás los hubiera descubierto o ni sabido siquiera que existían.
Este de la foto, como muchos otros, fueron lugares en los que dije: “tengo que volver en tal o tal época, en tal o tal situación, con más tiempo, con tal equipo, a dormir y así…”
Y recién, al ver esta foto, pensé en el interminable listado de lugares a los que quiero volver y que sé que, posiblemente, nunca vuelva. Pero no porque no pueda, sino porque creo que el esfuerzo que significa ir a ese lugar es quizás el mismo que tendré que invertir para descubrir algún lugar nuevo para seguir sorprendiéndome (y agrandando la lista, quizás).
Y pienso qué paralelismo se está formando dentro mío al contar todo esto. Y lo que se me ocurre es que hay personas que al no quedar conformes vuelven y vuelven intentando que suceda lo que creen que debería haber pasado la primera vez y otras que, haya sido como haya sido la experiencia, siguen para adelante.
No puedo decir que soy de una o de otra. O quizás sí, pero por algo no lo digo. Y dándole más vueltas me doy cuenta que hay ciertas cosas o situaciones que jamás repetí y otras en las que lo hago constantemente.
Voy más allá.
Descubro cuando necesito aire, expandirme, crecer, motivos, razones nuevas, metas.
Repito cuando necesito parar, relajar, descansar, contraerme, asentar.
Y lo divertido es que casi nunca pasa lo que necesito.
Pero sigo intentando.
¿Te resuena algo de esto? ¿Te pasa?
Los abrazo

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