Me queda claro que, casi siempre, vemos las cosas de modo diferente. Somos seres individuales, al menos ese personaje que representamos a diario y, como tal, sólo ve el mundo a través de sus ojos y nadie puede ocupar ese lugar más que el ser.

Entonces, pensaba hoy, si bien para muchos proyectos es buenísimo que veamos las cosas de modo diferente, en lo referido a la interacción con otros seres lo importante pasa a ser cómo reaccionamos ante las diferentes miradas. Así es que algunos ante una diferencia explotan, otros pueden achicarse, escabullirse, querer conciliar, cambiar de tema, buscar alternativas…

Y si bien creo que esa chispa de diferencia es la que hace explotar la nafta del motor que pone en movimiento el mundo, hay momentos en que es la que enciende la mecha de la bomba.

Se me ocurren mil derivaciones de todo esto, pero la que más me sorprende es la de la necesidad de pertenecer, típica humana, la necesidad de pertenercer a la manada. A toda costa. Y ahí es, donde siento que la forma de reaccionar de uno, la forma de construir individual, muchas veces se diluye por miedo, por temor a ser dejado de lado, a ser excluido. Siendo más fácil, muchas veces, terminar aislándose uno por motus propio, dar la razón como a los locos, aguantar los tortazos o, la que creo que es peor, apagarse.

Cuando miro los pedacitos de humanidad con los que convivo en el diario vivir, voy viendo estos patrones que logran, efectivamente, desde hace mucho tiempo, ir convirtiéndonos en una línea horizontal gris medio.

En la que, decididamente, muchos no nos sentimos cómodos.

Dejo ahí. Te propongo que te busques en estos patrones, en tu forma de reacción primaria, en tu recurso de reacción social (la que mostrás a otros), para ir reconociendo dónde desaparecés.

Que tengas bella semana!

Te abrazo.


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