Hay momentos en que pareciera que las montañas arden. Que la naturaleza arde. Y no hablo de volcanes ni incendios. Sino que arde cuando la humanidad arde.

De odio, de miedo, de tristeza, de cansancio, de impotencia, de dudas, de teorías absurdas de cada lado.

No sé muy bien hasta donde se puede estirar la cuerda, pero siento que está muy bien planeado todo y se puede estirar eternamente.

Por eso: respirá, metete adentro e intentá leer tu interior (rapidito, entre reel y reel) y escuchá es voz interior que te dice suavemente qué está bien y qué no, para vos (para tu cuerpo, tu ser, tus emociones, tu mente). No te juzgues, si querés comerte una vaca entera cometela, pero sabiendo que lo hacés, no haciéndote el boludo. Porque la cosa no se arruina cuando hacemos cagadas, sino cuando miramos para otro lado para no reconocer lo que hacemos, lo que elegimos hacer, porque siempre hay elección.

Te abrazo.


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