
Hay todo un mundo allá afuera, esperand ser comprendido, descubierto, disfrutado. Sin embargo, siento que no paramos de descuartizarlo en pedacitos, que creemos unidades, en un vano intento de protegerlo y comprenderlo, pero no hacemos más que encontrar las hilachas que se salen de las costuras.
El paisaje no es una sumatoria de elementos, no son piedras con musgo, con arroyo, plantas, árboles y bosque, así como un árbol no es un tronco con ramas y hojas. Salvo que vos, seas un cuerpo con manos, pies y cabeza, o un cacho de carne cubierto en piel con una forma exterior bastante caprichosa y que internamente alberga órganos, conductos, tendones, huesos y otras cositas (muchas de las cuales puede que estén sobrando).
Siempre, al describir o al desmenuzar perdemos lo no tangible, lo que cohesiona, el sentido, el alma, la vida misma.
Y me refiero a todo, todo ser, entidad, ambiente, objeto o lo que sea en lo que estés pensando. Hablo de la persona con mayor amor o tu vecina, nuestro planeta, un ave, tu cafetera y hasta la esquina de tu cuadra.
Caminando, mirando, tocando, oyendo nos acercamos a la descripción, a parte de los elementos, pero si no paramos a sentir, jamás tendremos una vista un poquito más completa.
Y sé que cuesta. Porque el mundo tiende a eso. A que cueste. Y no termino de comprar el por qué.
Pero es uno el que elige.
El “uno” ese que no se ve.
Los abrazo.

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