Hay un silencio que sólo se siente cuando amanezco temprano en invierno.

Un silencio que, quizás, se siente más porque al levantarme se calla la voz que hablaba huevadas o canturreaba canciones cuando intentaba volver a dormirme.

Un silencio que se agudiza antes de irse, antes que amanezca, como la helada que se pone cada vez más peluda al ver que el sol está por salir.

Y en ese silencio, es cuando todo pasa: vuando la claridad nos alcanza, cuando nos susurran directamente al ser sin pasar por la mente, cuando todo tiene sentido, cuando las ideas nacen y se expanden…

Y yo, demasiado dormido para aprovecharlo.

Pero le estoy poniendo onda!

Los abrazo


Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *