
En el momento en que empezamos a calificar las plantas como buenas o malas, las especies como dañinas o inofensivas y, peor aún, comenzamos una guerra sin cuartel contra algunas de ellas, fue cuando dejamos de ver el mundo como un todo, cuando dejamos de hacernos cargo de nuestra colaboración en todo eso y, fundamentalmente, creo que es una inmensa demostración de que estamos perdidos en la total ignorancia, reaccionando ante pequeños síntomas con reacciones exageradas.
Siento que la mejor arma, ante la desinformación o ante el no entender de ciertas cosas, no son los medios de comunicación o los científicos, sino el discernimiento de lo que ellos u otros digan. Evaluar si uno considera que lo que se transmite le resuena internamente es fundamental, antes de tomar postura, de pasar a la acción, de llevar a cabo medidas que pueden complicar más aún la situación. Y si no es así, esperar un poco más, averiguar un poco más hasta que uno sienta que es el momento.
Los abrazo

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