Entre piedra y piedra.

Lo puedo pensar como un refugio en un lugar seguro, protegido de los lados.

O lo puedo ver como cuando cruzo la calle pasando entre dos autos estacionados, rogando que ninguno se mueva.

Pero cuando miro un poco mejor, solo veo piedra, terreno hostil, o supuestamente hostil para una planta tan delicada. Veo ganas, necesidad, tezón o posiblemente sólo sea adaptación al medio.

Admiro. No sé si a la planta, a la naturaleza o al responsable si es que existe alguno.

Y al momento, visualizo una persona entre dos bondis, una casa vieja entre dos edificios, un pasillo de una casa chorizo, siempre suelo de cemento en un mundo de cemento y agobiados por una realidad que no se entiende, que no se cree, que no se busca y pienso: “No sé si tenemos una inmensa capacidad de adaptación o vivimos de puro milagro!”.

La planta ésta. Y nosotrs también.

Y agradezco.


Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *