
Sigo con mi eterno deambular entre lo digital y lo analógico.
Sin mejor ni peor, simplemente, me dieron una terrible capacidad para el cambio hacia lo digital, peor de hace veinte años, treinta quizás. Estuve en el comienzo de las Mac en Argentina, fui parte de su ingreso en el mercado gráfico y en aquel momento me volaba la cabeza todo lo que se podía hacer con ellas.
Pero a la vez, hacía seminarios de caligrafía, con pluma, al estilo medieval más o menos, y ahí conocí de plumas, de puntas recortadas, de la increíble felicidad o liberación que da dejar a la mano danzar trazando el final de una oración.
Y ahora, muchos años después, reconozco que este mundo digital me pasó por arriba, avanza tanto cada día que hace rato siento ganas de bajarme de este tren. Pero creí que era por decisión, que era algo que tenía que decidir porque quería o no quería, pero lentamente voy comprendiendo que no, que es por energía, tanto mundo digital drena mi energía y no me da nada a cambio que sea comparable con ello.
Es decir, fotografío con cámaras digitales pero casi como lo hacía hace cincuenta años, solo que es un sensor y no una película. Boceto diseños en papel, pero los ejecuto en la computadora, escribo en digital si es para publicar y manual si es para limpiarme, danzar en el papel o relajar.
Y ahí voy comprendiendo que, como decía antes, no soy de la vieja época de “viva lo analógico”, pero tampoco soy de la nueva de “viva lo digital”. Siento que estoy más cómodo en el medio y, a medida que lo digital explota y se expande comprendo que no puedo perderme en eso, porque me drena o, más bien, me acelera, me lleva a un lugar que termina vaciándome, drenándome.
Y publico esto por si sentís que algo te resuena.
Pienso en mi abuelo, fue jugando el juego que le permitió su momento, agrandando algo que había hecho su padre. Pero delegó en el mío la “digitalización” de la empresa. A lo que voy es: supo soltar. El era de tierra y campo, no de oficina, lógica y conceptos abstractos.
Y si bien creo que tengo una mente bastante “lógica” (aclaro que hablo de lógica de programación), mi alma baila en el otro lado, en donde el cuerpo se encuentra con lo tangible.
Y recién hoy lo termino de entender, en el momento en que el mundo digital crece exponencialmente amenazando comerse lo básico, al punto de superar mi capacidad de trabajo, lógica, creencias y, sobre todo, energía.
Lo que se traduce como: ganas. Ya está. No me da ganas de correr tras la liebre, prefiero comer pasto. Es decir, quedarme en el pequeño nicho que me dejaron: fotografiar digital, publicar digital, crear con las manos, los ojos y el alma.
Los abrazo!

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