El tema recurrente, de estos días, al volver a casa, fue el libre albedrío. Mi tema recurrente. Porque entre \”debos\” y \”culpas\” me di cuenta que me la paso rindiendo cuentas o disculpándome con otros por lo que ellos piensan que yo debería hacer o haber hecho.

Y si bien sé que yo soy yo y ellos ellos, la culposidad me invade y tardo un rato en darme cuenta que estoy respondiendo a sus expectativas y que nada tienen que ver con mis expectativas de mi vida.

Estuve casi veinte días en Buenos Aires. Esta vez no fue de vacaciones sino por asuntos personales. Fui por amor a mis viejos. Volví por amor a mi. Y en esta larga estadía me di cuenta bastantes cosas que quiero contarles.

La primera es que me sorprendió Buenos Aires. Está increíble, jamás la vi tan perdida, tan abrumada, tan enferma e intoxicada. Aunque puede que fueran mis lentes o la situación que fui a vivir, por un lado. O que paré en un barrio distinto, más urbano y sin árboles a la vista.

La segunda es de lo que quería escribir.

En un viaje así, donde pasé la mitad del tiempo en una clínica, me di cuenta que la tristeza y el enojo, jugaron un partidito dentro mío destrozando mi energía y mi salud, aunque no fui yo quien estaba internado.

Y estuve tan abrumado y con tan poca energía, que por primera vez me permití hacer lo que tuviera ganas, en mi tiempo libre, con tal de poder levantar un poco la vara y no enfermarme. Y, aunque no lo logré del todo, si comprendí que está bueno escucharse, aunque al otro no le guste.

Por eso, quiero pedirles, que me acompañen en el camino del Libre albedrío. Fue lo único que nos dieron y que no nos pueden quitar, ni los de abajo ni los de arriba. La capacidad de elección.

Y lo digo porque no respeté la decisión del otro al cuidarlo (pensando que le hacía un bien, desde ya) y a la vez permití que me hablaran de cosas que no quería escuchar, que me felicitaran por cosas por las que no merecía felicitación, porque callé cosas que me gustaría haber hablado.

Y al llegar y ya no estar allá, encontré otras visiones del mismo asunto y me di cuenta que hay muchas cosas que arrastramos en la familia y que no elijo. Pero que por fidelidad creo que tengo que elegir o, al menos, bancarme. Por eso, hoy quería decir que:

– Amo a mi familia, amo a mis padres y agradezco todo lo que me han dado durante mi crecimiento. Son buenas personas e hicieron todo lo posible porque estuviéramos bien, pero, y de esto estoy más que seguro, NO ELIJO su estilo de vida.
– NO ELIJO vivir en una ciudad que está enferma y que enferma a su población constantemente, a diario y con ahínco diría.
– NO ELIJO vivir dependiendo de lo que otros decidan que debo hacer o vivir según dicen si no me resuena.
– NO ELIJO intoxicarme o mal nutrirme creyendo que luego la medicina \”me curará\”.
– NO ELIJO que mi vida, mi salud y mi felicidad dependa de otros (estoy aprendiendo esto de empoderarme, recién ahora).
– NO ELIJO vivir una vida impuesta por árbol genealógico ni porque ellos, mis antepasados, hayan decidido vivirla de otra manera.
– NO ELIJO hacerme cargo de las consecuencias de otro por haber tomado decisiones que, según mi entender, son equivocadas. Festejo su fidelidad a su elección, su escucharse y su hacerse cargo de lo que pase luego.
– NO ELIJO callarme más, si prefiero hablar.
– NO ELIJO no llorar si necesito hacerlo. Y más si duele.
– NO ELIJO seguir manteniendo relaciones que ya no dan para más o que me vacían.
– NO ELIJO seguir viviendo en la culpa por no responder a expectativas de otros.

Y sé que esto, quizás, no daba para publicación, pero aunque parezca raro me costó mucho llegar hasta acá. Hasta acá respecto a lo escrito, hasta acá si me refiero a mi casa, rodeada de naturaleza, de vida, de salud, de aire real.

Les pido, entonces, que cuando tengan ganas se pongan a pensar qué eligen de lo que hacen.
Y, si tienen más ganas, que analicen qué es lo que le piden a otros que hagan, impidiéndoles ser ellos mismos o complicándolos al menos a serlo.

Los abrazo. Mucho. Porque elijo hacerlo.


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