Releía la entrada anterior, la de “No soy Messi”, pensando si valía la pena publicarla o no, y me doy cuenta que soy terriblemente polifacético. Bah, no me di cuenta ahora, creo que viene hace mucho y lo sé desde hace tiempo también, sólo que pocas veces se juntan las neuronas a ponerse a charlar entre ellas e intercambiar impresiones de cómo va la conducción del ser que tienen alrededor, es decir, yo.
Hace unos meses ya, que estoy viviendo la más exacerbada efervescencia de la historia de mis neuronas, es decir, desde diferentes partes de mi cerebro reclaman más pelota o un camino, una dirección para ese lado. La parte de escritura quiere publicar finalmente el libro, lo está corrigiendo y voy por la mitad, lo tengo ahí… quiere que escriba, que corrija, que publique, que diga, que exprese con palabras… Pero la neurona caligráfica quiere que sea con tinta, con trazos, con finos y gruesos, con florituras, curvas, rectas; que el resultado sea esa mezcla de artesanal e intestino desgarrado que sólo cierta caligrafía logra mostrar. Y empiezo a hurgar por ese lado cuando la neurona fotográfica aparece desde la cueva y afirma que podría haber una foto ahí, junto al texto, o no, más bien podría haber una foto sola y que me deje de joder con tanta palabrería, que eso está bueno para la mañana temprano cuando mi cerebro se está despertando: palabras, orden, ideas, bajarlas, olvidarse y ponerse a laburar en la foto y ya. Pero, hay una neurona retocadora (sí, también tengo de esas) que piensa en la conjunción de fotografía, caligrafía de un texto supremo, la expresión y el nuevo arte llevado a un extremo que…
Por momentos, juro, que me hubiera encantado poder sentarme cada noche, al volver de laburo, en un sillón, con una cerveza fría en la mano y ver fútbol, los Simpson o Tinelli.
por Leo F. Ridano en Leo F. Ridano https://ift.tt/2GCj4R5
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