
Todo camino de ida es, a la vez, un camino de regreso. Porque cuando vas no sabes si, realmente, estás volviendo al origen, al punto de partida.
Y ¿para qué catzos te sirve saber esto?
Para comprender que si bien muchas veces tenemos el nombre del destino al que vamos y conocemos la forma de llegar, en realidad y en lo profundo, no sabemos por qué estamos yendo ahí. Puedo suponer que voy a buscar una foto, de hongos, paisajes o flores, que voy a visitar familia, amigos, o a conocer un lugar…
Pero con el tiempo, comprendí que fui a cada lugar, durante toda mi vida, a intercambiar energía, información, a dejar algo, a traer algo, a hacer algo que mi personaje de ese momento, no lo sabía concientemente.
¿Y vos? ¿Entendiste ya a qué fuiste realmente aquella vez a…? ¿Por qué te encontraste con tal o cual persona “al azar”? ¿Por qué sucedió tal o cual cosa? Y no, no siento que sea importante entender por qué fue. Lo importante es, para mi, comprender que el verdadero sentido de lo que hacés, muy posiblemente, no sea el motivo conciente que te impulsa a eso.
Somos energía. Y todo lo que hacemos constantemente es intercambiar energía con los seres que nos rodean. Estos seres no son solo humanos o animales o plantas o piedras, estos seres son lapiceras, maderas, cuadros, todo. Por eso tal o cual cosa te encanta (te energiza) o no la querés cerca (te vacía). Nuestros movimientos tratan de lo mismo.
Aunque lo llames estoy aburrido y voy a dar la vuelta al perro. O escribir lo que me nazca cada mañana.
Los abrazo.

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