
Unos tienen luz, se ven mejor pero se degradan antes, los otros crecen mejor en la oscuridad pero se ven menos.
Unos reciben más humedad de la mañana, los otros no.
Unos son más. Otros menos.
Pero los de un lado son más altos y los otros más bajos.
Y ven sus diferencias. Se comparan. Se denigran. Se maltratan, a la vez que los bandos, de cada lado se unen en un bando sólido.
Hasta que las diferencias son tan grandes, que se les hace imposible vivir juntos.
La historia de la humanidad, a pesar de salir del mismo micelio, se suele hacer todo lo posible por buscar las diferencias.
Y me viene el Martín Fierrok con los hermanos que se pelean y los devoran los de afuera, o el dicho del río revuelto, ganancia de pescadores y me pregunto quién gana realmente con todo esto. Con las guerras, con las “plandemias”, con el miedo en la gente, con el desastre económico de la gran mayoría, con destruir el medioambiente.
Me pregunto cómo somos tan pocos los que nos preguntamos quién es el que gana realmente algo con todo esto.
Y comprendo que solo se lo pregunta quien no es de un bando ni de otro. Y siento que ahí está la respuesta a gran parte de los problemas que hoy aquejan a la humanidad y, a vos, como parte de ella.
Cómo verías las disonancias si no fueras parte de ellas? Y, más aún, ¿por qué necesitás ser parte de ellas?
Te abrazo.

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