Calma.

Entre eclipses y derrapadas nos escapamos al lago, ayer, a la tarde, buscando una máquina escalar natural, que nos llenara de iones negativos o, si todo esto no funcionaba, al menos para cambiar de aire. He leído alguna vez que los demonios odian el aire fresco, y generalmente me ha servido, así que de cualquier forma ganaríamos algo.

Fue llegar al lago y verlo increíble y asombrosamente planchado, sin que corra una gota de viento y ya sin los calores de enero que harían que eso fuera insoportable. Al punto que llegaban hasta nosotros las conversaciones lejanas, de todos lados. Nada es perfecto, pero bue, esto era casi divertido, parecía el silencio que hay cuando nieva, pero esta vez en el lago y un día de sol. Silencio absoluto.

Caminé por la playa un rato. La gente estaba sola o de a dos, no vi grupos más grandes. Separados al menos treinta o cuarenta metros unos de otros. Algunos leyendo libros, otros tomando mates mirando el agua. Se podría describir como tranquilidad y armonía absoluta.

Y escribo esto porque hay cositas que me llamaron la atención y me divirtieron:

La primera: una pareja con un pequeño botecito, iban pescando con un motorcito eléctrico. Nada. Ni un ruido. Me encantó que pudieran mantener el silencio aunque estuvieran moviéndose.

La segunda: los jóvenes haciendo todo lo que hay que hacer para ser un instagramer como tal. De dónde filmar, cómo filmar, cómo pararse, cómo entrar al agua, como mojarse, cómo salir. Pensaba en todo lo vana y vacía que era la vida de los famosos cuando era adolescente y veo que hoy Internet permitió que todos pudieran ser así! Así que vano y vacío por todos lados.

Cuando pensaba que el mundo era demasiado vano y tonto llegó la tercera: Un pequeño kayak, cargado hasta el moño, bolsas, cosas y una señora grande, remando y tarareando. Iba en su mundo, feliz, remando en un día perfecto, con todo lo que necesitaba para pasar un día ideal: silla, mate, morfi, toldito, no sé qué más llevaría. Me acordé de Walden, de Thoreau. Hasta que la llamaron de la orilla, bajó, se tomó unos mates con unos conocidos y más tarde subió y siguió camino.

El sol se puso, la temperatura puede bajar cinco grados de golpe en esta época así que volvimos.

Me encantó el lago de marzo. Así, disfrutable, como si hubiera sido de casualidad.


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