Miro al horizonte (si pudiera decirse que entre las montañas hay un horizonte) y veo un tumulto de nubes que no sé qué quiere decir. Pero por lo pronto, estoy seguro que se avecina un cambio.
Mi trabajo pide un cambio, porque se agrandó el mercado, porque cumplió un ciclo o simplemente porque quiero ampliar la información.
Y cuando camino por la calle siento lo mismo, cuando conecto con mi interior, cuando hablo con mi pareja, cuando escucho a mis conocidos.
Se viene algo, algo que estaba ya no estará, algo a lo que estábamos acostumbrados, por más que no nos gustara o sí, va a cambiar.
Y si bien generalmente me encanta cuando la cosa ya cambió, el durante me molesta, me siento incómodo, perder ese pequeño lugarcito, zona de confort, que le llaman, me molesta bastante. Me estresa. Me hace pensar de más, calcular cosas, formular estrategias… Aunque mi corazón esté tranquilo, sabiendo que lo que viene será mejor.
Y me encanta ver esta división: una parte tranquila, la nueva, la que tengo que desarrollar, reconocer; la otra, la que debería aflojar e ir tomando el lugar que le corresponde, en vez de dominar todo el personaje, se pone como loca.
Y en el medio estoy yo, bajo nubes de tormenta que, muchas veces, solo se disipan a lo largo del día dejando solo una buena foto.
Los abrazo y les deseo buen fin de semana!


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