El río fluye, el bosque permanece.
En alguna medida, permanecemos y fluímos también. Cada día recorremos nuevos caminos, nuevas experiencias y seguimos adelante, pero a pesar de ese caminar, ese fluir, nuestra esencia permanece sin modificaciones. Porque así como el bosque no es un árbol en particular, nuestra esencia no depende de las experiencias.
Y el vivir basándose en ellas, las experiencias, es quedarnos en la historia de un árbol determinado y de ahí saltar a otro y más tarde de nuevo. No sé si hay juego más superfluo, extenuante y vano que basar nuestra vida según cómo van resultando las experiencias en vez de verlas como parte de un todo más grande, más completo, más perfecto, mágico y con ese toque adicional que no tienen la materialidad.
Porque así como un bosque no es los árboles, nosotros no somos la suma de nuestros órganos y partes. Y ese ser, se enriquece en el fluir para hacer su camino.
Los abrazo. Los amo. Y los veo.


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