Convenciones.

La primera fotografía que pensé en subir me llevaba a hablar de convenciones, de las millones de convenciones que adoptamos y que tomamos como normales, como lógicas, como coherentes, como necesarias e indiscutibles.

Como que está bien que haya una puerta en mi casa, un alambrado en mi terreno, que es posible enfermar porque algo entra en nuestro cuerpo, que está bien comportarse, obedecer y ser sumiso ante otros según cargos. Convenciones que según me dijeron ordenan nuestra vida para no vivir en la jungla, en la prehistoria, en la barbarie. Y así es como trabajamos toda una vida para sobrevivir, soportamos maltratos de familiares, de amigos, de desconocidos y de quien corresponda. Elegimos creer que se necesitan corpiños para que no se caigan las tetas o que está mal que se caigan o que hay que tomar pastillitas para que parezca que tenemos la misma vitalidad que hace cuarenta años. Elegimos creer que nos jubilaremos y ahí sí seremos felices, que porque meditemos nuestras miserias desaparecerán o que la persona que duerme en la calle en la esquina de casa desaparecerá si no la miro.

Y siento que a esta altura se invirtió el propósito, la idea, el fin de todo esto. Quedamos esclavos de las normas, las cosas son como deben ser y cada cambio que intento hacer es una batalla. Contra mi mismo primero, contra el mundo después.

Siento que la plastilina es menos moldeable que el ser humano, más como está hoy en día.

Estuve de viaje, fui a la gran ciudad por un rato y encontré muchísimas personas que están ahí, a punto de mover la mirada a un mundo más real. Y eso me excita, me exalta y les taladré la cabeza intentando mostrarles otra forma de vivir, de enfrentar la vida, de romper o rebelarse a esta matrix, de recuperar el sentido de la vida. Y si bien me encanta haberlo hecho, luego me ligué un tirón de orejas por no respetar el tiempo de cada uno.

Pero bue, no puedo, soy así. Intento lentamente acostumbrarme a verlos así, pero no sé si lo lograré.

Los amo. Los veo. Los siento. Lo siento.

(y el facebook, en el que escribí esto, me muestra debajo un cartel que dice “cambiar a 3D”, se refiere a la foto, y yo me río porque no puede ser tan evidente el control)

Puente de madera dentro del bosque patagónico sobre el arroyo Casa de Piedra en cercanías de San Carlos de Bariloche, Río Negro.

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