Intercambio.

Ayer, en mi intercambio con la tecnología, además de los cambios en la compra más otros detalles (como recibir mil doscientos correos electrónicos por día por haberme anotado en charlas o en ofertas que, sabía, que derivaría en mails, pero no en desesperación absoluta por encajarte algo), la idea de obsolescencia programada volvió a mi mente.

Pero no solo pensando en mi computadora y su reacción a los avances obligados de windows, sino también al ver mi cámara de fotos o al enviar a arreglar el viejo equipo de audio.

Al mirarlos, noto que no es amor lo que tengo por ellos, sino que el equipo sigue teniendo un sonido de aquellos, la cámara una definición que cumple con creces lo que necesito y la compu sigue andando bien, solo que fui tras zanahorias con programas que hacen cosas que no necesitaba, que no conocía pero compré la idea y fui tras ella.

Pero bien, vuelvo atrás. Así como volví atrás a versiones de Lightroom de seis años atrás y luego de llevarme todo el día este cambio, comprendí que la cosa vuelve a fluir.

Y ahí pensé en algo que me decían hace años, “soy modelo antiguo, necesito la carne para funcionar”. Y me quedé pensando en eso, me quedé pensando si en alguna medida la vida actual, tal como está planteada, no aplica en nosotros también el concepto de obsolescencia programada.

Hay gente que ha llegado a los 130 años, poca, si, pero hay lugares donde llegan a los 110 años unos cuantos. Y pregunto: no será que nuestro envase sí podría llegar a vivir tantos años y en salud, pero como nos “arruinan” de a poquito no solo no llegamos sino que lo hacemos en un estado patético total?

A ver, no quiero sonar como conspiranoico, no, voy por otro lado. Los placeres nacen en las costumbres. Sino acuérdense lo “rico” que es el primer café, el primer pucho que te fumás, la primera cerveza o el primer vino. No conozco a nadie que le haya gustado “la primera probada de ninguno de esos”. Pero como es cool, todos terminamos acostumbrando al cuerpo a aceptarlos. Nos habrá pasado también la primera vez que probamos, no sé, carne, jarabes, no sé… Viene a mi mente la cara del bebé cuando escupe la comida.

Cuánto nos moldeamos a base de “no llorar porque sos varón”, “no llorar si no es importante”, “no mostrar sentimientos”, “ser macho es de hombre”, “tenés que jugar con muñecas” y millón de cosas más.

Y no es que nuestros padres nos odiaran, sino que simplemente habían comprado de sus padres el mismo paquete de creencias que luego nos vendieron a nosotros.

Intentando redondear, empiezo a pensar que luego de casi sesenta años de “moldear” mi anatomía, mis actividades y mi vida de una manera, los cambios que puedo hacer quizás no deberían ser tan intensos, radicales o extremos. Cada vez dudo más si mi cuerpo se banca un Vinyasa intenso, si puedo evitar el multitasking completamente, meditar sentado, callado y en silencio, no dar mi opinión casi siempre, no ser sincero (en mi barrio le dicen bocón también), quizás ya no pueda subir hasta las cumbres con equipo sin quedar tres días roto como mínimo… No sé si luego de tanto tiempo intentando ser yo puedo convertirme completamente en un una mejor versión de mi mismo sin dejar de serlo.

Posiblemente, ya compré mucha obsolescencia y pasó la garantía para hacer la devolución. Igual, me resisto, cambié mi alimentación, mi hábitat, mis costumbres y siento que la cosa mejoró, y así voy día a día.

Que quede claro, esto no es más que una punta para que pienses en vos, no en mí. Más o menos sé en qué camino estoy y en cuál quiero estar, por suerte estoy en un buen momento físico, psíquico y espiritual, así que no digo nada de esto por bajón, sino, por el contrario, porque siento que con las redes y con las noticias que leen las redes y con la recontrapelotudez cerebral actual que impera en la sociedad, terminamos creyendo idioteces que en otro momento hubieran sido increíbles.

Y no las nombro porque imagino que todos pensarán cosas opuestas… jeje

Los abrazo

Estatuillas decorativas para jardines expuestas con sus precios en tiras rojas.

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