Me doy cuenta cuando algo se termina. Porque ya no fluye. Porque ya no pasa solo, sino que tengo que empujarlo. Y, lo más importante, no tengo ganas de empujarlo, salvo cuando pienso que debo hacerlo.

En este caso me refiero a la fotografía que vengo haciendo hace, no sé, como veinte años ya. Al estilo, a la forma de hacerla, a la idea en general. Noto que salir a registrar ya no me hace feliz ni me entusiasma, noto que sacar la foto por sacar la foto tampoco, y menos intentar cargarlas y verlas en la compu vieja que tarda un horror. Paralelamente, lo siento cuando intento hacer algo de lo que antes me llenaba, porque ya no resulta, ya no lo hace. Voy a donde había aves a montones y no hay ni una. Y recorro y nada. De nada. Pero el equipo no se vende, aunque lo ofrezco hará ya un año. Y eso me confunde.

Ese es mi ejemplo actual, pero, ¿el tuyo? ¿Qué es aquello que ya no se mueve solo, que ahora hay que empujarlo para que pase algo, pero como lo quisiste tanto tiempo o te hizo tan feliz o te dio tanta ilusión no lo largás?

¿Cuántas veces escuchamos ese mensaje interior que nos habla de todo esto y no le damos bola? En mi es constante, ¿quién quiere bajarse de viajar en la naturaleza descubriendo maravillas asombrosas? Y ojo, no hablo de la fotografía en sí, sino de mi lado de fotografía de naturaleza y en esto, sólo a lo que se refiere a seguir tomando fotos nuevas.

No sé cómo lo manejan ustedes, yo, por lo que veo, para la miércoles porque no logro soltarlo ni comprenderlo siquiera.

Los abrazo.


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