Miro la foto y siento que tiene mucho de la realidad.

En los cielos pueden estar matándose, en otras realidades, en otros lugares, en otros niveles de poder, pero uno debería encontrar momentos de paz para deslizarse tranquilo por la superficie.

China ya debe estar por atacar a Kamchatka, al menos para no quedarse atrás en esta increíble necesidad de bajara la frecuencia global, de llevarnos a entristecernos y preocuparnos por seres que la están pasando mal.

Y me pregunto, ¿qué es? ¿el petróleo? ¿Y todo esto por petróleo? Y pienso que no puedo vivir sin el auto, sin todas las huevadas que uso a diario y donde el petróleo es parte importante de que sean reales. Y lo mismo con la minería, el agua, la alimentación o las tierras.

Pero dejando de lado, si puedo, mi absurdidad, pienso en la guerra como en un concepto antiguo, el de ir a tomar lo que no es tuyo, el de ir a castigar a alguien porque no hace o se comporta como uno cree que debería hacerlo, la bravuconada de te jodo porque soy más grande y, lo peor de todo para mi, sentirse chico, uno, al ver que un “poderoso” jode a otro “semi poderoso” y suponer que también me puede pasar a mi.

Y esto último, creo, que es lo que hay que intentar evitar, superar, comprender. No tiene por qué pasarme lo que le pasa al otro, no tengo que imaginar que me pasará lo que le pasa al otro, no tengo que empezar a penar lo que no me pasó aún sólo porque le pasó a otro.

Porque ahí es cuando lo creamos. Y sucede.

Y si no es físicamente no importa, porque ya vivimos la sensación como si hubiera sucedido.

Me relajo. Vuelvo a mirar la foto. Me siento navegando en un horizonte impoluto, mientras sobre mi se pelean los cielos.

Allá ellos.

Los abrazo.


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