
Y finalmente nos dieron el agua. Abrieron la canilla. Y epezó a llover y llover. Y aunque los cielos queden grises todo el día, me encanta ver llover, unos días al menos.
Ayer veía el río un poco más alto, con más onda, y se sentía raro, como que hace mucho que no lo veía así. Y eso que debe estar como medio metro debajo de su nivel normal o, al menos, al que yo estaba acostumbrado a verlo.
Y pienso en cuántas cosas ya no están como acostumbraba verlas, ¿cuántas situaciones desaparecen a diario, se transforman, uno las extraña un poquito o se alegra y luego ya, la costumbre puede más que la añoranza y va siendo la nueva normalidad?
Doy pasos, lentos primeros, luego los acelero y camino convencido hasta que… miro… dudo… corrijo un poco el rumbo y doy unos pasos, lentos primero…
Volvió la lluvia, quizás dos meses más tarde de lo que la esperaba. Y hoy, agradezco eso.
Los abrazo.

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